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José
María Arguedas: Impensabilidad, violencia y desentendimiento
“El
Kutu en un extremo y yo en otro. El quizá habrá
olvidado; está en su elemento, en un pueblecito tranquilo,
aunque maula, será el mejor novillero, el mejor amansador de
potrancas, y le respetarán los comuneros. Mientras yo, aquí,
vivo amargado y pálido, como un animal de los llanos fríos,
llevado a la orilla del mar, sobre los arenales candentes y
extraños”.
José
María Arguedas. Warma Kuyay.
Probablemente
sea, la obra de José María Arguedas (Andahuaylas, Enero
de 1811- Lima, Diciembre de 1969) una de las más difíciles
y complejas de las que haya producido la literatura latinoamericana
durante el siglo XX. Las condiciones de producción de sus
escritos, entre los que se encuentran Novelas, Poemas, Cuentos,
Cartas y Ensayos, no pueden ser desprendidas sin más, de la
cuestión social y política propia de la situación
peruana y del acontecer Latinoamericano entre los años 20 y
70. Así visto, el suceso escritural de Arguedas no dejará
de contemplar, una cuestión problemática en la sociedad
Latinoamericana, que abarca un periodo histórico unos 60 años.
Por otra parte y consustancial al primer asunto, se teje en este
discurso, la situación existencial del propio Arguedas, quien,
sometido a una particular circunstancia vital, no dejará de
revelar esta en el entramado de sus escrituras.
La
importancia de este artista radical y distinto no ha dejado de
crecer, y ciertamente hoy, parece elevarse su estatura a regiones
impensadas, pues, su obra, cada vez revela aspectos inéditos y
se comprende que contiene un escritura del futuro.
Esta
afirmación, puede sostenerse en la radicalidad del proyecto
Arguediano cuyo paradigma se encuentra en su última Novela “El
zorro de arriba y el zorro de abajo” (1971). Esta Novela, cuya
estilística híbrida, viene a destejer la obra anterior
de Arguedas y a erigir el proyecto de su futuro. “El zorro, en
efecto, es en muchos sentidos una novela-límite de
clasificación difícil. Ultima obra de Arguedas, ultimo
producto narrativo del indigenismo teorizado por
Mariátegui-Valcárcel, última de la serie de
novelas urbanas “sociales” iniciada en el Perú en los años
cincuenta, esta novela bien podría ser -pero esto no depende
exclusivamente de la literatura, sino más bien de la historia-
la primera de una serie nueva y todavía sin bautizar: una
serie cuyos textos devolverán a las mayorías populares
un papel activo, en vez de “aprovecharlas” en tanto que referente
narrativo”.
La
obra de Arguedas, al margen de lo que compromete el fragmento citado,
parece mostrar en una primera lectura, una cuestión esencial.
Esta tiene que ver con el conflicto propio de la literatura
latinoamericana respecto a la legitimidad de la voz con la cual se
expresa. Esto no es algo que atañe solamente al escritor
Arguedas, sino afecta también al hombre Arguedas, quien
construye una obra que estará atenta a la planificada
organización de una lengua, que pudiera llamarse quizá,
auténtica. Esta construcción, no tiene nada que ver,
como han querido ver algunos autores, con el anhelo indigenista, es
decir con la imaginación de su utopía, más bien
aquí se enfrenta la escritura con un proyecto por encontrar la
voz. El proyecto de Arguedas parece anticipar, el desafío de
habla del subalterno, es decir. si este puede hablar, y si
efectivamente lo hace, cual será su lenguaje, y si este
lenguaje seguirá representando una existencia subalterna. Pero
debe aclararse. que para los personajes de Arguedas y Arguedas mismo
no se trata en caso alguno de otorgarle condición de
subalternidad a los grupos de lo que su escritura viene a ocuparse,
en su mundo estos personajes hablan, la cuestión es sobre la
naturaleza de este hablar.
Mucho
se ha hablado de la marginalidad de los personajes de Arguedas y del
universo o los universos que sus novelas y cuentos describen. Esta
tésis dice que se trataría de una marginalidad
originaria, entrevista en los “testimonios” que de acuerdo a
Cornejo Polar serían los de máxima audiencia en el
mundo andino; los de Domitila Barrios del Chungara y Gregorio Condori
Mamami (Antonio Cornejo Polar. Escribir en el aire), en estos
relatos se percibe esa “marginalidad originaria” cuya
constitución estaría conformada por la manifestación
“un narrador originario que asume la representación
global de un grupo humano oprimido”, este narrador se ve
“obligado a constituirse como sujeto fuerte y estable” en
la medida en que representa un “proyecto que es tanto político,
cuanto, por decirlo de alguna manera, utópico redentor”.
¿Es posible atribuir a los personajes de Arguedas, esta
condición, precaria y al mismo tiempo irreversible? ¿Puede
leerse en la ora de José María Arguedas un fondo
relativo a un habla que construyendo un discurso político,
trace las posibilidades de una utopía redentora? ¿Esto
último, en el sentido propiamente moderno, de la
reivindicación social y conquista de la igualdad y la
libertad?
Es
cierto, que la obra de Arguedas refleja un importante entramado de
aspectos testimoniales, estos dicen relación con la inclusión
de largos relatos de la experiencia de vida del autor en sus
construcciones ficcionales, no es menos cierto también que en
su escritura se lucha, por lo que puede ser llamado realismo,
especificando ambos aspectos una estrategia de producción
literaria que de cierta manera daría respuestas afirmativas a
la interrogantes indicadas más arriba. No obstante lo
señalado, parece ser mucho más decisivo en la obra de
Arguedas, la lucha por el lenguaje, es decir, la búsqueda de
la autenticidad del decir y de su capacidad de contener lo dicho.
Parece ser que en Arguedas, escritor bilingüe (castellano-quechua) el
problema del lenguaje es la acción
inestable de una violencia. Puede apreciarse en muchos de los
trabajos de Arguedas una inestabilidad linguística, que en
muchos casos se aparece como una indecisión respecto al uso
del lenguaje, es decir, una vacilación irresuelta en el cómo
debería hablar. Este aspecto, que es la tensión entre
castellano quechua, evidencia la tensión y desacuerdo entre
dos culturas cuyos hablares se oponen y se entienden como
irreconciliables. Más bien y quizá, la fuerza de las
obras de arguedas radique en una elaborada meditación sobre el
desentendimiento. Desentendimiento entre seres humanos provenientes
de universos distintos, desentendimiento entre grupos y hombres, en
fin desentendimiento entre la interioridad y la exterioridad.
En
este sentido, la lucha por el lenguaje es la lucha por conquistar un
mundo, que, huidizo en su desenvolvimiento no ofrece la estabilidad
de las síntesis.
Escritor
de límites, Arguedas instala en la novela y en otras formas
narrativas, una exploración intensa sobre esta estrategia
hablante, pues, sobre su escritura viene a superponerse la estructura
insólita de la oralidad. Aquí, se percibe un tensión
inédita en la escritura, pues la construcción de su
discurso, visita heterogéneos modos de hablar, provenientes de
una cultura oída, donde la palabra adquiere su fuerza de ese
sustrato testimonial que exhala el que habla, pues, este no puede
sino haber visto, o vivido, lo que relata, dándose a ver en su
propuesta escritural una construcción disonante, donde su
lirismo, arranca de la violencia con que se enfrenta a la comprensión
del lector, pues estos actos convocados por el escritor, se asumen
como impensables.
Impensabilidad,
violencia y desentedimiento, vienen a ser posiciones límites
de lo escrito, surgido de la confrontación nunca saldada de la
infancia y la adultez. La experiencia del lenguaje en Arguedas se
propone como única, su originalidad instala la dureza de la
imposibilidad de la traducción. Esta imposibilidad que
manifiesta la adhesión de Arguedas al mundo indígena y
su voluntad de no traición, no puede leerse como Indigenismo
en el sentido de la Novela Indigenista propia de los escritores
peruanos que quisieron revelar ese mundo, “La expresión
directa de lo indígena no podía ser, pues, el móvil
del indigenismo de un hombre como Arguedas que conocía a
fondo, difundía y valoraba con entusiasmo toda la producción
cultural quechua. El verdadero objetivo fue más bien el de
imponer a uno de los vehículos privilegiados de la cultura
dominate, la novela, la presencia de esa otra cultura”. (Martín
Lienhard,Op. cit.)
“-¿Estás
viendo al Wamani sobre mi cabeza? -preguntó el bailarín
a su mujer.
Ella levantó la cabeza.
-
Está -dijo-. Está tranquilo.
-¿De qué color es?
-Gris. La mancha blanca de su
espalda está ardiendo.
-Así es. Voy
a despedirme. ¡Anda tú a bajar los tipis de maíz
del corredor! ¡Anda!
La mujer obedeció. En el
corredor, de los maderos del techo, colgaban racimos de maíz
de colores. Ni la nieve, ni la tierra blanca de los caminos, ni la
arena del río, ni el vuelo feliz de las parvadas de palomas de
las cosechas, ni el corazón de un becerro que juega, tenían
la apariencia, la lozanía, la gloria de esos racimos. La mujer
los fue bajando, rápida pero ceremonialmente.”
“La agonía de Rasu-Ñiti”(1962)
El
diálogo citado, evidencia la estrategia escritural de
Arguedas. Sobre un acontecer simple, narrativamente, viene a
instalarse un conjunto de transgresiones que pueden leerse como un
deslizamiento de contenidos, sujetos a la aparición simultánea
de; descripciones del mundo, acciones sujetas a un orden de
motivaciones ceremoniales y culturales enraizadas en tradiciones cuyo
vehículo comunicacional es el habla (diálogo) y
estructuras verbales que transitan el castellano y el quechua
indistintamente y mezclas de expresiones que pueden comprenderse como
ordenes de habla llamadas a convocar la oralidad sobre la escritura.
“Singu buscaba un nombre.
Recordaba febrilmente nombres de perros.
-¡“Hijo
Solo”! -le dijo cariñosamente- “¡Hijo Solo!”
¡Papacito! !Amarillo! !Niñito! !Niñito!
Como no huyó, sino que lo
miró sorprendido, alzando la cabeza, dudando, Singuncha siguió
hablándole en quechua con tono cada vez más familiar.
-¿Has venido
por fin a tu dueño? ¿Dónde has estado, en qué
pueblo, con quien?
Se bajó de la piedra,
sonriendo. El perro no se espantó, siguió mirándolo.
Sus ojos también eran de color amarillo, el iris negro se
contraía sin decidirse.
-Yo, pues, soy Singuncha. Tu
dueño de la otra vida. Juntos hemos estado, Tú me has
lamido, yo te daba queso fresco, leche también; harto. ¿Por
qué te fuiste?
“Hijo Solo” (1957)
Mucho
es lo que podría decirse sobre el fragmento señalado,
no obstante, basta para lo que aquí nos ocupa, decir que se
manifiesta claramente el entrecruce de una oralidad quebrada,
interiormente fragmentada con la probabilidad de su realzamiento en
la construcción escritural Arguediana. Situar esta tensión
en el espacio del Indigenismo sería negar la novedad de este
procedimiento, donde el universo de sentido es la lucha por la
comunicabilidad de todo un pueblo. No se insistirá sobre esta
dimensión decisiva y radical, pero un artista sometido al
rigor interior con que Arguedas vivió su escritura y su
relación con el mundo andino, basta para explicar el alcance
descomunal de su obra, todavía por leerse. La pregunta que
sale al paso, indesmentible de acuerdo a la densidad de su trabajo
literario es, de haber vivido más, que podría habernos
legado, y por sobre todo, que podría haber dicho respecto a la
barbarie con que su obra ha sido tratada y también a la
barbarie con que hoy Latinoamérica y sus intelectuales se
enfrentan, especialmente los mundos que el amó y que quizá
ya hayan desaparecido para siempre.
“La
ilusión de juventud del autor parece haber sido realizada. No
tuvo más ambición que la de volcar el la corriente de
la sabiduría y el arte del Perú criollo el caudal del
arte y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba
degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable”
pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo,
oprimido por el desprecio social, la diominación política
y la explotación económica en el propio suelo donde
realizó hazañas por las que la historia lo consideró
un gran pueblo: se había convertido en una nación
acorralada, aislada para ser mejor y más facilmente
administrada y sobre la cual sólo los acorraladores hablaban
mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad. Pero los
muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón
humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan
por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte. Dentro del
muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y
defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo
ideas, creando cantos y mitos. Y bien sabemos que los muros aislantes
de las naciones no son nunca completamente aislantes. A mí me
echaron por encima de ese muro, un tiempo, cuando era niño; me
lanzaron en esa morada donde la ternura es más intensa que el
odio y donde, por eso mismo, el odio no es perturbador sino fuego que
impulsa”.
No soy un
Aculturado. José María Arguedas. (1968)
Bibliografía.
Arguedas,
José María, Relatos Completos. Losada, Buenos
Aires, 1977
Arguedas,
José María, Breve Antología Didáctica.
Editorial Horizonte. Lima 1982
Arguedas,
José María, Los Ríos Profundos.
Universitaria. Santiago de Chile, 1967
Cornejo
Polar, Antonio, Escribir en el Aire. Ensayo sobre la
heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas.
Editorial Horizonte. Lima 1994.
Lienhard,
Martín, Cultura Andina y Forma Novelesca. Zorros y
danzantes en la última novela de Arguedas. Editorial
Horizonte. Lima 1990.
Cornejo
Polar, Antonio, Los Universos Narrativos de J. María
Arguedas. Losada. Buenos Aires 1973
Martín Lienhard. Cultura andina y forma novelesca. Zorros y danzantes
en la última novela de Arguedas.Editorial Horizonte. Lima, 1990
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